Si hay algo que se ha demostrado en el transcurso de estos dos últimos años, es que la vida no se detiene. Los consumidores hemos tenido que lidiar con diferentes situaciones en las cuales, las marcas han tenido que saber reinventarse sin perder su esencia. A este fenómeno se le conoce como branding. El branding es todo aquello que engloba la marca, incluso de que material esta hecho su producto o cómo está enfocado su servicio. Qué enfoque quieres dar a tu marca, tono en el que te diriges a tu target… Algo que debería de ser básico para un buen posicionamiento de tu marca

A raíz de la pandemia, el branding pasó a ser un factor clave, los consumidores ya no se dejan llevar por según que argumentos de compra, estaban saturados de que se venda la emoción en situaciones que no existe cabida para ella. Un ejemplo básico fue la comida, los consumidores solo queríamos un producto accesible y efectivo a nuestra necesidad. Y en ese momento era la funcionalidad de dichos productos. Llegados hasta aquí, vamos a “abrir un melón” (que no nos gusta nada de nada);

¿No sirve de nada vender con la emoción?

Como con cualquier producto, el consumidor tiene que ver que existe una utilidad para adquirir el producto. Pero esto no quita que nos brindemos ayuda de la emoción para poder satisfacer la necesidad que busca.Una compra perfecta siempre va a ser el equilibrio entre la razón y la emoción. Y además siempre tenemos que saber que un consumidor compra en base a unas necesidades básicas que pueden ser distorsionadas por algunas necesidades no tan básicas.

Entonces, ¿Qué compra el consumidor?

La marca debe de estar en la mente del consumidor, dado que siempre habrá en la cabeza de este una idea preconcebida y posicionamiento como construcción mental. Además, el usuario compra unas emociones y unos beneficios que siempre tienen que ir de la mano. Sin olvidarnos de que cualquier marca, producto o servicio es una percepción dentro de él.