Sesgos cognitivos: qué son y por qué son importantes

¿Alguna vez has oído hablar de los atajos mentales cuando se tiene que procesar la información de manera rápida para actuar en consecuencia? Si, estos son los denominados sesgos cognitivos, o también conocidos como heurísticos. Juicios intuitivos que se basan en un conocimiento parcial, en la experiencia o en suposiciones permitiéndonos ser más ágiles a la hora de tomar una decisión. Sin embargo, estos sesgos pueden llevarnos a juicios incorrectos.

Y es que todos tenemos sesgos cognitivos, pero ¿sabemos realmente cómo nos pueden beneficiar?

Cada sesgo cognitivo existe por una razón. Principalmente para ahorrar tiempo o energía a nuestro cerebro. Y abordarlos desde el problema que solucionan es la mejor forma de entenderlos.

Por ello os introducimos cuatro problemas que los heurísticos nos ayudan a resolver:

 

Sobrecarga de información

Día tras día recibimos un sinfín de información. Es por ello que nuestro cerebro usa algunos truquitos simples para seleccionar los bits de información que nos serán más útiles de cara al futuro.

  • Notamos que existen cosas ya preparadas en la memoria o que se repiten con frecuencia. Esta simple regla nos muestra que es más probable que nuestro cerebro percibe las cosas que se han cargado recientemente en la memoria por encima del resto.
  • Las cosas que nos resultan visualmente impactantes sobresalen más que las cosas no extrañas o sin gracia. Nuestro cerebro tiende a aumentar la importancia de las cosas que son inusuales o sorprendentes. Alternativamente, tendemos a omitir información que pensamos que es ordinaria o esperada.
  • Notamos cuando algo ha cambiado. Y generalmente tendemos a sopesar la importancia del nuevo valor por la dirección en que ocurrió el cambio (positivo o negativo), más que reevaluar el nuevo valor como si se hubiera presentado solo. 
  • Nos atraen los detalles que confirman nuestras propias creencias existentes, y tendemos a ignorar detalles que contradicen nuestras propias creencias.
  • Notamos fallas en los demás con más facilidad que en nosotros mismos. Sí, antes de que veas todo este artículo como una lista de peculiaridades que comprometen la forma de pensar de otras personas, debes darte cuenta de que tú también estás sujeto a estos prejuicios.

 

Falta de significado

El mundo es muy confuso y terminamos viendo solo una pequeña porción de él, pero necesitamos darle algún sentido para sobrevivir. Una vez que llega el flujo reducido de información, conectamos los puntos, llenamos los vacíos con cosas que ya creemos saber y actualizamos nuestros modelos mentales del mundo.

  • Encontramos historias y patrones incluso en datos escasos. Dado que solo obtenemos una pequeña porción de la información del mundo y también filtramos casi todo lo demás, nunca vemos la historia completa. Así es como nuestro cerebro reconstruye el mundo para sentirse completo dentro de nuestras cabezas.
  • Completamos características de estereotipos, generalidades e historias previas cada vez que hay nuevas brechas en la información. Cuando tenemos información parcial sobre una cosa específica que pertenece a un grupo de cosas con las que estamos bastante familiarizados, nuestro cerebro llena los vacíos con las mejores suposiciones o lo que nos proporcionan otras fuentes confiables. Convenientemente, luego olvidamos qué partes eran reales y cuáles se completaron.
  • Imaginamos las cosas y las personas con las que estamos familiarizados o que nos gustan como mejores que las cosas y las personas con las que no estamos familiarizados o que no nos gustan.
  • Creemos que sabemos lo que piensan los demás. En algunos casos, esto significa que asumimos que ellos saben lo que nosotros sabemos. En otros casos, asumimos que están pensando en nosotros tanto como nosotros pensamos en nosotros mismos. 
  • Proyectamos nuestra mentalidad y suposiciones actuales en el pasado y el futuro. Magnificado también por el hecho de que no somos muy buenos imaginando con qué rapidez o lentitud sucederán o cambiarán las cosas con el tiempo.

 

Necesidad de actuar rápido

Estamos limitados por el tiempo y la información. Sin embargo, no podemos permitir que eso nos paralice. Sin la capacidad de actuar con rapidez, seguramente habríamos perecido como especie hace mucho tiempo. Con cada nueva información debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para evaluar nuestra capacidad para afectar la situación, aplicarla a las decisiones, simular el futuro para predecir lo que podría suceder a continuación y de lo contrario, actuar en función de nuestra nueva información.

Para actuar, debemos tener confianza en nuestra capacidad de generar un impacto y sentir que lo que hacemos es importante. En realidad, la mayor parte de esta confianza se puede clasificar como exceso de confianza, pero sin ella es posible que no actuemos en absoluto.

  • Para mantenernos enfocados, preferimos lo inmediato y lo que se puede relacionar frente a nosotros sobre lo retrasado y distante. Valoramos las cosas más en el presente que en el futuro.
  • Para evitar errores estamos motivados para preservar nuestra autonomía y estatus en un grupo, y evitar decisiones irreversibles. Si debemos elegir, tendemos a elegir la opción que se percibe como menos riesgosa o que preserva el status quo. Es mejor malo conocido que bueno por conocer.
  • Preferimos las opciones que parecen simples o que tienen información más completa sobre opciones más complejas y ambiguas. Preferimos hacer lo rápido y simple que lo importante y complicado.

 

¿Qué debemos recordar?

Dado que solo podemos permitirnos mantener los bits que tienen más probabilidades de resultar útiles en el futuro. Necesitamos hacer compensaciones constantes en torno a lo que intentamos recordar y lo que olvidamos. 

  • Editamos y reforzamos algunos recuerdos a posteriori. Durante ese proceso, los recuerdos pueden volverse más fuertes. No obstante, varios detalles también pueden intercambiarse accidentalmente. A veces inyectamos accidentalmente un detalle en la memoria que no estaba allí antes.
  • Descartamos los detalles para formar generalidades. Hacemos esto por necesidad, pero el impacto de asociaciones implícitas, estereotipos y prejuicios da como resultado algunas de las consecuencias más notoriamente malas de nuestro conjunto completo de sesgos cognitivos.
  • Reducimos eventos y listas a sus elementos clave. Es difícil reducir los eventos y las listas a generalidades  por lo que seleccionamos algunos elementos para representar el conjunto.

 

Es importante recordar estos cuatro problemas pero hemos de saber que nada de lo que hagamos puede hacer que desaparezcan. Sin embargo, aceptar que tenemos sesgos cognitivos y ser sabedores de ello nos llevará a tener un mayor margen de mejora y nos posibilitará comprendernos mejor a nosotros mismos.